Son mis textos, fruto de mi imaginación y aunque la mayoría estén narrados en primera persona para nada tienen que ver con mi vida personal, es pura ficción y si alguien se puede sentir identificado en ellos es mera coincidencia.
Solo aquellos que tratan de la localidad de San Martín del Tesorillo tienen un fondo de realidad que trato de sacar a la luz.

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jueves, 15 de junio de 2017

NO PUEDO PENSAR...







No puedo pensar…
que el amor me cobija
bajo un dorado atardecer.
No puedo pensar…
que el roce de tus manos me sosiega
con una dulce caricia.
No puedo pensar…
que la frescura de tus besos
enardece todo mi ser.
No puedo pensar…
que con tu sola mirada consiguiera,
de nuevo, mi corazón florecer.


(Rosa Estorach  / 11 junio 2017)

martes, 9 de mayo de 2017

MEDIOCRIDAD


No supuso más mediocridad…
que aquella que el mediocre impuso,
que de mediocre que nos lo puso…
escapó de la mediocridad,
ya que se ganó… el premio a pulso.


Rosa Estorach (09/05/2017)

lunes, 20 de marzo de 2017

ERROR DE LA NATURALEZA








Soy mujer,
Soy mujer… no porque haya nacido con una vagina.
Soy mujer… porque siento como tal,
Soy mujer… porque pienso como tal,
Soy mujer… porque sueño como tal,
Soy mujer… porque amo como tal.


Ayyy de esa mujer… que nace encarcelada en cuerpo de hombre!!



Ayyy de esa mujer…que sintió la rabia y la impotencia… 

de no poder ser niña como las demás.

Ayyy esa mujer… que se sintió ajada, humillada… 
por un error de la naturaleza.

Ayyy esa mujer… que día a día…
reivindica su condición para ser reconocida como tal.

Nosotras, que cada 8 de marzo nos reunimos
para reivindicar la igualdad laboral ,

para repudiar la violencia de género,
nosotras, que seguimos luchando casi por una utopía…
pensamos… 

Ayyy de esa mujer ignorada, olvidada…
sin derecho a revelarse como tal…

(Rosa Estorach – 8/3/2017)



jueves, 23 de febrero de 2017

EL ARROZAL





              
 Y aquél día supe cual era mi sino,
un sino que no busqué ni deseé  y…
que, sin embargo, me cayó de arriba.
Los amaneceres… casi se teñían de negro,
y los atardeceres se cubrían de melancolía.
Todo parecía que hubiese cambiado,
todo… menos yo. Ya no conocía mi alrededor,
ni la gente  con la que me había relacionado.
Ya no conocía la casa que blanqueaba…
aquel trozo del arrozal, como si fuera una bandera
enarbolando la dignidad que le dieron sus dueños.
El camino se estrechaba con tal magnitud…
que las espigas arañaban mi  piel desnuda
al pasar sorteándolas, sintiendo como me atrapaban.
Llegué a la casa con techo de paja, la cal…
resplandecía bajo el sol de medio día,
las salamanquesa se paseaban libres en su habitad,
ajenas a la repulsión que ocasionaban.
Las chicharras entonaban su canto
estridente, que junto al calor sofocante...
parecía hacerse aún más insoportable.
Ha pasado medio siglo y lo que se me reveló...
en aquel pozo de piedra cubierto de yedra…
se ha cumplido. Ahora espero impasible
que llegue el día, sí, el día anunciado.

(Rosa Estorach – 23/2/2017)