Son mis textos, fruto de mi imaginación y aunque la mayoría estén narrados en primera persona para nada tienen que ver con mi vida personal, es pura ficción y si alguien se puede sentir identificado en ellos es mera coincidencia.
Solo aquellos que tratan de la localidad de San Martín del Tesorillo tienen un fondo de realidad que trato de sacar a la luz.

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miércoles, 1 de junio de 2011

EL ESPEJO NO ENGAÑA



¡Dios! ¿Dónde estarán?- Se decía malhumorado.


- Pero si mi mujer los puso aquí, estoy seguro, joder… es que me daba de tortas… el tiempo se me echa encima, ella está a punto de volver, no puedo soportarlo más.

¡Ah! ¡Ahora recuerdo! la última vez que los vi los tenia mi sobrina, los cogió y recuerdo que mi mujer le regañó, pero… ¿dónde los pondría? –

Desesperado, como si la vida le fuese en ello, zarandeó todo el armario y… - ¡Por fin! ¡Aquí están! menos mal, menos mal, menos mal... no podía soportarlo más, ¡Pero qué maravillosos son! - Mirándolos casi con devoción, se los colocó con tanto mimo… que era como si estuviera saboreando un rico helado; se miró al espejo y se maravilló de la imagen que se reflejaba, una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro, aquel vestido no le hubiese favorecido de no haber encontrado esos preciosos tacones rojos.


domingo, 29 de mayo de 2011

EL DESTIERRO DE UNA FUENTE










¡Ay esa fuente que se perdió en el tiempo! esa fuente que algunos añoramos y otros prefieren que se haya perdido.


Dicen… que porque estaban hartos de ella, porque esclavizó a todo un pueblo por tener que pasar horas enteras pendiente de sus chorros.


Es por eso que cuando el agua comenzó a fluir en cada casa del pueblo, la arrancasen sin piedad deseando que desapareciera. El día que eso sucedió parece que fue todo un triunfo, se perdió el símbolo de la decadencia y ahora yo, aquí, estoy tratando de dulcificar su memoria, la memoria de una fuente que simbolizaba por un lado los comienzos de un pueblo y por otro el punto de encuentro de tantos jóvenes que se iniciaban en el amor.


Los mozos paseaban por la plaza para ver a las chicas con sus cántaros en el cuadril y ellas que no eran ajenas a sus miradas, formaban su corrillo alrededor de la fuente entre risas y charlas a la vez que con disimulo controlaban a aquellos que les hacían tilín.


¿Cuántos novios salieron de aquellos encuentros? ¿Cuántas familias se gestaron allí? ¿Cuántos secretos compartió y cuantas historias nacieron de aquella fuente a la que se le obligó a abandonar el lugar que le perteneció desde su llegada a San Martín?


Tal vez un día vuelva a Tesorillo o tal vez no, sea como fuere, siempre habrá un recuerdo para ella, me consta y lo sé.

sábado, 28 de mayo de 2011

TESORILLO “UN PUEBLITO PERDIDO EN EL TIEMPO”

Calle Las Torres (año 1957)


El coche era el taxi de Juan García que vivía en esa casa
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No ha mucho tiempo que vivía en un pueblito pequeño donde las mujeres barrían sus puertas a las claritas del día.



En un pueblito donde no era raro oír el trato de comadre o compadre y donde se compartía risas y cotilleos, porque de estos últimos también los habían.


Cuando llegaba la FERIA, madre mía!! El corazón se aceleraba… “Hay que encalar María, que ya tenemos la feria encima”

Y todas a una, con la escobilla en mano y el cubo de la cal… blanqueaban sus fachadas
para que cuando la procesión del Corpus pasara por su puerta… que nadie dijera: ¡¡¡VAYA FACHADA MÁS PUERCA!!!

Ese era mi pueblito, el que para ir un momento a la tienda… dejabas la puerta abierta y cuando volvías estaba todo en su sitio.

En el que te sentabas por las tardes al fresco con algún que otro mosquitero, y llegada la noche seguíamos ocupando las aceras sin temor a levantarnos ya que los coches eran contaditos con los dedos.

En el que nos conocíamos todos con identidad propia adquirida a través de generaciones: “La niña de Fulano de tal o Fulanita de cual, la de la Calle tal o de la calle cual” un sello característico que se ha borrado para los restos.

Y a ese pueblito que recuerdo con tanto cariño ahora no le conozco, ya no es el mismo, se ha convertido en el resultado de lo que ahora llamamos PROGRESO.